Pedida Luz
Lenta,
mordida torpemente inclino
la fresa violeta de mis sueños.
Salgo al dolor de abrirme a mi tormenta,
de regresarme al pozo de estos dedos
por donde vierto ciega tanta vida.
Me llama el viejo oficio de aturdirme
los delicados nudos de mi sangre,
la paz de hundirme tardes en la esquina
que tan tembladamente me ha crecido.
Llueve el reloj su prisa despiadada.
Mi corazón, en tanto,
me desvive la luz que anduve herida.
De nuevo está lloviendo mi locura:
será el sudor,
esa mojada mácula muriéndome,
esa señal de mar, esa respuesta
que altiva nazco a quien a amarme acuda;
Será mi entraña en bodas con el miedo,
mi compasión de mí
que quise en este templo
la boca de otra vida estremeciéndome.
Será que estoy entrada de cipreses
esta prieta ansiedad desarrimada
del roce estrecho del caudal henchido.
Estoy diciembre
desde que tiemblo el corazón tan hondo.
Mi nieve está en camino.
Será que curvo el alma a su sosiego,
será mi corazón arrodillado,
pedido de otra luz quien me despierta
la lava abierta de mi mar primero.
Me asusto en la cintura:
nunca otro anillo ató más turbulencia.
la fresa violeta de mis sueños.
Salgo al dolor de abrirme a mi tormenta,
de regresarme al pozo de estos dedos
por donde vierto ciega tanta vida.
Me llama el viejo oficio de aturdirme
los delicados nudos de mi sangre,
la paz de hundirme tardes en la esquina
que tan tembladamente me ha crecido.
Llueve el reloj su prisa despiadada.
Mi corazón, en tanto,
me desvive la luz que anduve herida.
De nuevo está lloviendo mi locura:
será el sudor,
esa mojada mácula muriéndome,
esa señal de mar, esa respuesta
que altiva nazco a quien a amarme acuda;
Será mi entraña en bodas con el miedo,
mi compasión de mí
que quise en este templo
la boca de otra vida estremeciéndome.
Será que estoy entrada de cipreses
esta prieta ansiedad desarrimada
del roce estrecho del caudal henchido.
Estoy diciembre
desde que tiemblo el corazón tan hondo.
Mi nieve está en camino.
Será que curvo el alma a su sosiego,
será mi corazón arrodillado,
pedido de otra luz quien me despierta
la lava abierta de mi mar primero.
Me asusto en la cintura:
nunca otro anillo ató más turbulencia.
Isabel Abad. Nació en Barcelona en la segunda
mitad del siglo XX y es una importante filóloga
catalana que dicta clases de latín en la Universidad de dicha ciudad. Su primera obra vio
la luz en 1980, se llamó "Motivos de isla"; posteriormente
saldrían "Tiene un paseo azul la llama que sostengo", "Dios
y otros sueños" y "Me nombro Umbría". Muchas de ellas
han recibido premios, entre los que se encuentra II Premio de Poesía Ámbito
Literario, el Ciudad de Toledo y el Vicente Aleixandre de poesía. De todas
formas, su obra más famosa es "De espaldas a mis ojos",
publicada por La casa del Libro y escrita en homenaje a su padre; en ella, la
autora encara la muerte desde una perspectiva onírica y hasta mística. Desde
hace varios años, Isabel escribe crítica
literaria en varias revistas nacionales e internacionales; además, su
poesía ha aparecido en numerosas antologías y ha sido traducido a varios
idiomas. Algunos de los temas presentes en su lírica son el amor, el dolor y la muerte, siempre
encarados desde una mirada filosófica y poco convencional. En su estilo puede
notarse una fuerte inspiración en la poesía clásica y los versos bíblicos.
Fuente: Poemas del alma ©
Ilustración: Aime Jules Dalou

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