Agua
plural
No sé, desolación,
qué manera de luz,
coronación de piel sobre mi herida,
a este lado de
helarme abandonaste,
pecado frío que amamanto y amo.
Qué flor de cuantas soy,
qué fronda seducida, qué hoja tibia,
para tu libación enamoraste.
¿Por dónde entró tu usurpación?
El parque del vivir ya estaba ungido
de afligido maná
y el bordado del llano, primor ido,
el preferido augurio se estrechaba.
¿Por dónde fue la usurpación?
¿Por la perla del pecho, o tal vez ibas
Primero a ese clavel que arde en mi pulso?
¿O heriste, inacabable,
el lirio extraviado de la boca,
beso y camino tu pasión descalza?
A lo mejor bajabas ya cautiva,
a la orquídea precisa de existir,
tropelía de nada aquella tarde.
¿Qué vastedad tentada preferías
en la hora del encuentro con mi ropa
menesterosa sombra de la carne?
Un cayado con alma,
aguas de parto tuyo repentinas,
era el placer a tientas
que
conmigo jugabas.
Que estoy llegando de morirte y siento
que fui postigo enamorado entonces.
Lucera triste no abrigué visillo,
ni yedra en mi balcón,
ni un ruido violeta en cada gozne.
Desolación, amor, pureza mía,
ya va la yegua de tu roto aliento
al seco abrevadero de mi sangre.
Tan pálida laderas solicito
para la tentación de resbalarte.
Isabel
Abad
Ilustración: Pablo Picasso

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